LAS FARC EN LAS CURULES

Después de tantos años y de tantas muertes, no cabía imaginar que las FARC tuvieran un apoyo más concreto en algunos legisladores y políticos colombianos. También en no colombianos, pero ese es otro cantar, porque las naciones suelen ser tolerantes con los guerrilleros ajenos.

Entre los presuntos simpatizantes de las FARC, varios titulares de curules colombianos, se ha citado a Piedad Córdoba, quien ignoro si tendrá algo que ver con mi colega José María Córdoba, un abogado que me impresionó profundamente cuando me dijo, y no tendría ni cuarenta años, que ya no ejercía la profesión porque tuvo un buen "asuntico". Me costaba pensar que un solo pleito diera para retirarse de la profesión y vivir con lujo, hasta el punto de haberse dedicado a viajar. Había editado el libro, que me regaló, "Mi viaje al rededor del mundo". En todo caso, sea o no pariente, de aquel feliz abogado excedente, la Córdoba acusada lleva en su nombre un título que puede ser el germen de su colaboración, si resulta cierta.

Piedad es nombre que marca. Yo conocí y conviví con otra, y no he conocido a más con ese patronímico, que estuvo en la casa de mis padres, en la de mi hermano y en la mía, desde que yo tenía un año hasta que murió. Fue nuestra segunda madre y a la piedad añadía la generosidad, la laboriosidad y el cariño. Aunque no colaboró con la guerrilla, que entonces mataba en España, sí que ayudó cuanto pudo a Valentín, un " rojo" que trabajaba con mi padre - de derechas - y al que la Guardia Civil hacía un interrogatorio cada vez que el maquis realizaba una de sus felonías por Reinosa o sus aledaños.

Tal vez Piedad Córdoba, no es que apoye a la guerrilla, es que, con ingenuidad patente, crea que puede hacer algo por esa Ingrid Betancourt sobre la que, desgraciadamente, vista su imagen de hace meses, hay dudas sobre su pervivencia.